Romanos Ocho: El Resumen de la Visión Bíblica del Mundo

Epístola a los Romanos

Por Yvonne Daly de Hunter

8:1-2 8:3  8:4 8:5-8 8:9-11 8:12-15

8:16-17 8:18-27 8:28-30 8:31-33

Inicio | Galería de Fotos | The Will of My Father

Visión Bíblica del Mundo | Enlaces a Otros Recursos Bíblicos

La Biblia es Confiable | Leer la Biblia en Orden Cronológico

Libritos Para Bajar

En Cristo vivimos, nos movemos y existimos.

Sn. Lucas en Hechos 17:28

Más que Vencedores

El apóstol Pablo escribió más libros del Nuevo Testamento que cualquier otro escritor en nuestro canon de la Santa Biblia. El sufrió mucho en el recurso de su  ministerio. Pero, él siempre predicaba con una visión bíblica del mundo. Él nunca tuvo pena por sus sufrimientos. Él mencionó sus experiencias, pero nunca quejó de personas, acusaciones, o de heridas. En el capítulo ocho de La Epístola a los Romanos el apóstol escribió doctrina que nos dirija a un punto de vista saludable. Apropiamos aliento por meditar en los 33 versículos de La Epístola a los Romanos capítulo ocho.

 

Romanos 8:1-2

En el favor y gracia de Dios, Pablo escribió a los romanos palabras de aliento y teología. La Epístola a los Romanos capítulo ocho empiece, «Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.»   Sin Cristo en nuestros corazones, la vida es dominada por Satanás, el príncipe de este mundo. Sin la gracia de Cristo la vida es derrota, miseria, y esclavitud al pecado. (Romanos 7:7-25) Corrupción entró en el mundo y afecta todo humano. (Romanos 3:23) Todos somos hijos de Adán. Cristo quebró el poder de la corrupción. Cuando nos entreguemos a Cristo, nuestras vidas cambian por completo. Oyente, si tú no has entregado a Cristo, escucha cuidadosamente. Te aconsejo a ti a entregarte a Cristo durante estos cinco minutos.  

El momento que entreguemos a Cristo el control de nuestras vidas, todo cambia. Instantáneamente no hay ninguna condenación a nosotros. En nuestro ambiente secular hay bastante presión a condenarnos. Nuestras vidas radian el gozo de Dios. Los que no tienen a Cristo no pueden entender. Dice la Biblia, «El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden.» (1 Corintios 1:18) Parientes nos dicen que somos locos a diezmar de nuestros sueldos. Los vecinos murmuran que somos fanáticos por asistir varios cultos en la iglesia cada semana. Pero, no vivimos bajo la sombra de pensamientos de otros. Dios nos asegura que no hay ninguna condenación. Que gracia y favor de Dios es confiar en Cristo. Ahora, no digo que no hay condenación cuando hagamos daño a otros. Digo que no hay condenación cuando nuestras vidas demuestran el fruto del Espíritu y radian la paz de Cristo.

Nota bien el requisito por caminar sin condenación. Pablo dice que no hay condenación ninguna «para los que están unidos a Cristo Jesús». Unido a Cristo es ser perdonado, librado del pecado, y guiado por, atado a, Cristo. Que Cristo tenga primer lugar en todo rincón de mi vida. Hacemos decisiones después de orar a Cristo. El o ella que no quiere ser sujeto al poder del Redentor no es beneficiario de esta promesa.  Bendito oyente, si tú todavía no es unido a Cristo, no hay mejor momento que este para rendirse tu propia voluntad a las manos de Cristo. Cristo ha pagado el precio de pecado. Cristo te espera con brazos abiertos. Solamente falta que tú apliques el perdón de Calvario a tu espíritu y vida. El entrará tu vida y tomará control solamente cuando le invitemos a tomar control de nuestras vidas espirituales y nuestras vidas cotidianas.   

Cristo nos ha liberado de la ley del pecado. Dios creó la creación en perfección. Entró el pecado. Cristo es el único remedio contra el efecto del pecado. La ley del pecado controla todo humano hasta el momento de entregarnos al poder de Cristo. (Romanos 7:23) Al recibir a Cristo, entra el Espíritu Santo en nuestra vida. (Romanos 8:9) Este es la vida cristiana normal. ¡Aleluya! La ley nos enseñó  nuestra maldad. (Romanos 3:21) Cristo nos enseña la vida en el Espíritu, la vida dominada por Dios. Gracias a Dios que la ley nos guió a Dios. (Gálatas 3:24) Pero nuestros corazones rebosan con gratitud por el favor y gracia de Dios. No nos dejó bajo la ley. Nos liberó de la ley del pecado y de la muerte. Fuimos sin poder de librarnos nosotros de la ley. Cristo nos liberó. ¡Que favor y gracia de Dios! (regresar al comienzo)   

Romanos 8:3

Versículo tres es el resumen completo de la teología de redención. Versículo tres nos enseña el, que,  quien, y porque de la redención.  Escucha, por favor. «La ley no pudo librarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio hijo en condición semejante, a nuestro condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado.»  (Romanos 8:3) 

La ley es un regalo de Dios. La ley nos ayuda a entender nuestra necesidad de un redentor. Pero, la ley no puede salvarnos. Dice la Biblia, «La ley es sólo una sombra de los bienes venideros, y no la presencia misma de estas realidades. Por eso nunca puede . . .hacer perfectos a los que adoran.» (Hebreos 10:1) La ley conserva la salud de humanos. La ley instituye orden en sociedad y cultura. Dios impuso la ley para el bien de hombres. No lo hizo como trampa de hombres y mujeres. Pero, pecado malogró la ley tal como la naturaleza  humana en el Jardín de Edén. Como dice nuestro versículo de foco, « La naturaleza pecaminosa anuló su poder.» (Romanos 8:3) Nadie puede obedecer toda la ley. Nuestra naturaleza pecaminosa mienta, engorda, hiriere, sin pensar. Tenemos que confesar a Dios nuestro pecado y pedir perdón. Gracias al Dios amoroso, Él nos extiende perdón, favor y gracia. Dice la Biblia, «Por una parte, la ley anterior queda anulada por ser inútil e ineficaz, ya que no perfeccionó nada.» (Hebreos 7:18-19)   

En su favor y gracia, Dios mandó a su hijo, para hacer lo que no pudo hacer la ley. Cristo vino semejante a hombre. Es importante entender que Cristo fue «semejante» a hombre. Jesucristo no fue puro hombre con naturaleza pecaminosa. Para ser nuestro Redentor, fue importante que Él sea en forma de hombre, pero perfecto en naturaleza. La concepción milagrosa con María  logró con este requisita. Cristo fue puro Dios y puro hombre a la vez.  Con corazones llenos del gozo del Señor leemos en la Biblia, «El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.»  (Juan 1:14) La gracia de Dios siempre tiene la solución. Dios no nos dejó bajo el dominio de pecado. «Se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!» (Filipenses 2:7-8) 

¿Por que propósito tomó Cristo la semejanza de hombre?  Dice nuestro versículo de hoy, «Para que se ofreciera en sacrificio por el pecado.» También en otro lugar dice la Biblia, «Él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte.» (Hebreos 2:14) Cristo pagó el precio de redención. Cristo no vino al planeta tierra por vacaciones, ni para ser dictador. Él vino en obediencia al plan de Dios. El vino en amor para la creación humana. Dice la Biblia, «Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados.» (Colosenses 1:13-14) ¿Que más diremos? Dios en su favor y gracia nos proveo a nosotros el perdón de pecado. No podemos cumplir con la ley. Pero, sí, podemos aplicar el sacrificio de Cristo a nuestros espíritus, almas, y cuerpos. Podemos aceptar la redención que Cristo nos ofrece por su sacrificio en Calvario.  (regresar al comienzo)

Romanos 8:4

Versículo cuatro de La Epístola a los Romanos capítulo ocho dice, «Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.»  Tenemos en estas palabras una vistaza hacia atrás, la Redención de Dios, y una descripción del presente. Pecado malogró  la ley. Cristo, el Hijo de Dios redimió la ley y nosotros con su sacrificio en Calvario. Ahora, con el favor y gracia de Dios vivimos en el poder del Espíritu, no bajo la naturaleza pecaminosa. 

Existe la idea errónea de que la ley batalla contra la fe. En verdad, no es así. Ley y gracia no son adversarias. Funcionen juntas para poner de relieve la justicia y la santidad. Cristo dijo, «No he venido a anularlos (la ley o los profetas) sino a darles cumplimiento.» (Mateo 5:17) Pablo aplica la ley a nosotros, « ¿Quiere decir que anulamos la ley con la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley.» (Romanos 3:31) Somos diferentes de los que viven bajo la naturaleza pecaminosa. No digo esto con el propósito de jactarnos. Pero, el obedecer la ley en nuestras vidas llama la atención del mundo. El poder divino en nuestros espíritus es un contraste a nuestros vecinos quienes viven por sus propios deseos, sin pensar en Dios. Dios dio la ley divina para ser una herramienta en la vida de hombres y mujeres y jóvenes y niños. La ley es una guía moral. La ley da orden a la sociedad. Pero, la ley no nos salva. La ley no nos da la entrada a la patria celestial. Pero dice la Biblia, «Concluimos, pues, que la ley es santa, y que el mandamiento es santo, justo y bueno. (Romanos 7:12)

La entrada de pecado en la creación en el Jardín de Edén malogró el efecto de la ley. Hombre no más tuvo poder de obedecer la ley divina. La ley no pudo redimirnos. «En efecto la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminoso anuló su poder.» (Romanos 8:3)

El profeta Jeremías nos imparte una promesa preciosa de Dios. «Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.» (Jeremías 31:33)  Dios prometió escribir la ley en nuestros corazones. Es otra confirmación que la ley tiene valor junto con la fe en Cristo Jesús. Bajo pecado la ley trae la muerte. Pero, Dios  mandó a su hijo al planeta tierra para rescatarnos de la esclavitud de pecado y muerte. ¡Aleluya! El es nuestra esperanza. La Biblia dice, «Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.» (Romanos 3:23)

El favor y gracia de Dios nos restauró la comunión con Dios, y la bendición del efecto de la ley. Ahora obedecemos a Dios. Ahora nuestras vidas muestran la redención de Dios. También dice la Biblia, «En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia.» (Romanos 6:18) 

No podemos concluir sin pensar en la última frase de versículo cuatro. Pablo nota claramente que es el poder del Espíritu que nos permita ser obedientes a la justicia en vez de pecado. (Romanos 8:4) Es un privilegio genuino permitir el Espíritu Santo a controlar nuestras vidas. No es en poder humano que somos transformados de esclavos de pecado a esclavos de justicia. El Espíritu Santo vive en nosotros desde el momento que nos rendimos al control de Dios. Nuestra meta es siempre vivir en el Espíritu, y no en las pasiones de la vida terrenal. (regresar al comienzo)

Romanos 8:5-8

Los versículos con nuestra atención hoy son muy importantes, y muy fáciles a entender. Dice La Epístola a los Romanos 8:5, «Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.» Por razón del pecado de Adán y Eva en el Jardín de Edén, la naturaleza humana es pecaminosa. Por razón del sacrificio de Cristo en la cruz, vivimos en el Espíritu. El escoger es para nosotros a hacer. Por no hacer nada, nuestras mentes muestran la naturaleza pecaminosa. Por rendirnos al dominio de Cristo, nuestras mentes moran en el Espíritu. ¿Cuál escoges tú? Escucha a los negativos de la mentalidad pecaminosa y los positivos de la mentalidad en el Espíritu de Dios. 

La mentalidad pecaminosa dirige a la muerte. (v.6) Verdaderamente, estamos muertos espiritualmente bajo la mentalidad pecaminosa. Si quedamos satisfechos con la mentalidad dominada por pecado, nunca viviremos. Hundiremos en los pecados nombrado en el libro bíblico Gálatas, «Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje, idolatría y brujería, odio, discordia, celos arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia, borracheras, orgías y otras cosas parecidas.» (Gálatas 5:19‑21) Que horrible es tal vida. Ellos quienes practiquen estos pecados son muy incontentos con la vida. Viven en un túnel nublado. Siempre buscan la respuesta. Quieren luz y paz y no lo encuentran en sus vidas. Es fácil entender que la mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios. (v.7) Y, que la mentalidad pecaminosa no pueda someterse a la ley de Dios. (v.7) La mentalidad pecaminosa no se puede agradar a Dios. (v.8) Toda anda enredada en la vida y el hogar. Se siente en el hogar la presencia de espíritus malos, infelices. No hay sonrisas. No hay satisfacción porque la mente está metida contra la ley de Dios.  

Por otro lado, la mentalidad dominada por el Espíritu es vida y paz. (Romanos 8:6) ¡Aleluya! Cuando Cristo domine la vida, todo anda con confianza a dominar los problemas. Hay gozo, paz, y seguridad en el alma y en el hogar. El libro de Gálatas, también nos da la lista de ejemplos del fruto del Espíritu. Es el opuesto del fruto de pecado. «En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.» (Gálatas 5:22-23) Tal mentalidad agrada a Dios porque es sometida a la ley de Dios. Los con mentalidad espiritual viven desde la alba hasta la anochecida en la brillantez del Creador Dios. 

Es seguro que todos quieren elegir la mentalidad del Espíritu. ¿No? Todos prefieren luz a tinieblas. Todos prefieren gozo a disensiones y rivalidades. Todos prefieren paz a discordia y celos arrebatos de ira. Todos prefieren vida a muerte. Todos prefieren confianza a libertinaje y sectarismos. En su favor y gracia, Dios proveo la senda para nosotros a rechazar la mentalidad pecaminosa y apropiarse de la mentalidad espiritual. El Mesías Cristo pagó el precio de pecado en la cruz de Calvario. Ahora, Él nos espera en cualquier momento a caminar con Él. Es nuestra decisión a caminar con Cristo. Él nunca esfuerza a nadie a recibirle a Él. Decidimos voluntariamente a seguir a Cristo. No hay mejor momento que éste a empezar o confirmar nuestra decisión a caminar en las sendas del Señor Jesucristo. (regresar al comienzo)

Romanos 8:9-11

Hablamos hoy de un versículo favorito. Es lleno del favor y gracia de Dios. En un sentido, es el evangelio completo en 30 palabras. Favor de escuchar con los oídos de tu corazón al versículo 11 de La Epístola a los Romanos capítulo ocho. «Si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.» Que ricas son las palabras. Cristo verdaderamente fue resucitado de la muerte. El mismo Espíritu dará vida a nosotros. El Espíritu vive en nosotros, en nuestros espíritus. Nuestra salvación viene por la muerte y resurrección de Cristo. Nos apropiamos tal salvación y nuestros espíritus reciban la presencia del espíritu de Dios para ayudarnos a obedecer el plan de Dios para nosotros. ¡Aleluya! El evangelio verdaderamente es las buenas nuevas.

La sangre de Cristo pagó el precio de pecado. Cristo resucitado presentó su sangre en el altar celestial para terminar con la tarea. Verdaderamente Él resucitó de la muerte. Filósofos, no creyentes, confeccionaron teorías falsas para eliminar el milagro de la resurrección. Pero todas son falsas. Cristo murió, y Cristo fue resucitado. No tenemos tiempo para tratar de todas las pruebas de la resurrección en estos siete minutos. Pero, te digo, que el desarrollo de la iglesia es la prueba más fuerte de todas. Los discípulos fueron cambiados de corazón totalmente después de la resurrección, y especialmente después del día de Pentecostés. Ellos dispersaron por todo el mundo conocido predicando la resurrección de Cristo. Todos, menos el apóstol Juan, murieron mártires.  Es imposible que los doce discípulos más otros seguidores prediquen la resurrección si no fue la verdad que ellos habían visto a Cristo vivo después de la crucifixión. Ellos no predicarían una mentira hasta la muerte.  Es verdad que Cristo el Mesías fue resucitado.

Fue por el poder del Espíritu Santo que Él fue resucitado. Es difícil para humanos a entender la trinidad. Pero, creemos por fe, y recibimos con corazones abiertos que el tercer miembro de la trinidad, el Espíritu Santo resucitó a Cristo de la muerte. Es significante que los tres miembros juntaron en unión para proveer redención de humanidad después de la caída en el Jardín de Edén. El Padre planificó. Cristo obedeció. El Espíritu resucitó. Es nuestro beneficio que podamos apropiar esta salvación en nuestras vidas. Pero, adicionalmente, el mismo Espíritu Santo promete dar vida a nosotros. Tu me preguntas, «¿Qué significa ‘vida’?» Bueno, vida indica sanidad física en nuestra vida terrenal, y en el fin, indica vida eterna con Dios, Cristo, y el Espíritu. ¡Aleluya! Dios provee todo que necesitamos. Cristo pagó el precio de nuestra salvación, y nuestra sanidad física. El Espíritu Santo morando en nosotros brota esta sanidad en la realidad.  

Sí. Dije, « Espíritu Santo morando en nosotros.»  ¿Recuerde lo que escuchamos hace cinco minutos atrás? « Por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.» Pablo dice que el Espíritu vive en nosotros. Nosotros, humanos, somos espíritus. Tenemos almas. Vivimos en cuerpos. Quizás es una nueva idea a algunos de ustedes, mis amigos.  Pero el ser verdadero humano es un espíritu. El ser verdadero no es el cuerpo con faldas, y camisas, y pantalones, y zapatos. El ser verdadero es el espíritu que comunica con Dios. El espíritu vive en el cuerpo, y el cuerpo usa faldas,  camisas, pantalones y zapatos. El Espíritu de Dios vive en nuestros espíritus cuando nos entreguemos al dominio de Dios,  cuando rechacemos el dominio de Satanás.  ¡Que favor y gracia de Dios recibimos por servir a Dios con espíritu, alma, y cuerpo! (regresar al comienzo)

Romanos 8:12-15

Es gracia de Dios que Él nos dio capítulo ocho de La Epístola a los Romanos. Todo el capítulo nos enseña la aplicación de la historia de muerte y vida a nuestras vidas. Versículos 14 y 15 causan nuestros corazones a cantar. «Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Ustedes no recibieron un espíritu . . . de miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «Abba¡  ¡Padre».  En la naturaleza adámica fuimos esclavos a la naturaleza pecaminosa. (v.12)  Pero ahora en el Espíritu de Dios somos hijos de Dios. Hijos de Dios tienen un Padre amoroso. Lo llamamos «Abba» en hebreo y arameo, «Papá Dios» en castellano.  

Bajo la naturaleza pecaminosa andábamos hacia la muerte. Es  resulta del primer pecado en el Jardín de Edén. Es muy difícil vivir bajo el control de Satanás. Hechos tienen consecuencias.  Somos hijos de Adán, y sufrimos junto con Adán. Escuchamos un chisme de un vecino, e inmediatamente pasamos la mentira a otro oído. Pero en el plan de Dios Cristo pagó el precio de pecado. Hechos tienen consecuencias. Apropiamos la sangre de Cristo a nuestras vidas, y vuelan las nubes de miedo y muerte.  El sentido de desesperanza vaporiza. Guiado por el Espíritu, no repetimos chismes, mentiras, indicios a otro oído. Actuamos con bondad, no con venganza.

 Indica versículo 14 que somos esclavos voluntarios a Dios. Todavía somos esclavos, pero a luz y paz, no a miedo y muerte. Tengo que poner de relieve que somos esclavos al amor de Dios. Somos esclavos en el sentido de querer servir a Dios. Somos esclavos a Dios y rechazamos a negar la ley y principios de Dios.  Dios no nos esfuerza a servirle a Él. Satanás nos esfuerza a servirle a él. Dios nos invita a servirle. Hay una gran diferencia entre esforzar e invitar. El Espíritu de Dios en nosotros nos impulsa a obedecer como esclavos la plena voluntad de Dios. Así vivimos la vida para vivir. Así hacemos lo que es saludable para nuestras vidas terrenales  tanto como nuestras vidas espirituales. E el Espíritu tenemos vida.  

Somos adoptados por gracia de Dios. De nacimiento somos hijos de Adán, sujetos a la naturaleza pecaminosa. Pero por el sacrificio de Cristo en la Cruz, somos adoptados por Dios, y el Espíritu de Dios vive en nosotros. ¡Aleluya!  Dice Pablo a los Gálatas, «Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer . . . para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos.» (Gálatas 4:4-5) Los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. «Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.» (Romanos 8:14)

 «Abba» traduce como «papá». Papá identifica la misma persona que «padre». Pero usar la palabra papá es indicación de una relación amorosa, tierna, segura entre padre e hijo. «Padre» es indicación de un acto físico, pero no necesariamente de una relación emocionante.  El papá nos ama. El papá es líder de la familia pero no lleve como dictador. Padre, es importante que seas ejemplo amoroso a los niños en tu casa. Ellos verán a Dios en la misma imagen de ti. Muchos adultos también tienen dificultad en abrazar a Dios con amor y confianza. Tienen temor de Dios porque tenían temor de los padres terrenales. Piensan que Dios es distante de sus hijos, porque sus padres terrenales fueron distantes emocionalmente de sus hijos. Adultos que tuvieron el privilegio de tener un padre tierno,  aceptan a Dios más fácilmente. Padre oyente, que seas tú tierno, amable, siempre cerca de tus hijos. Los pequeños y los jóvenes te necesitan. Los que no tienen padres tiernos no tienen excusa para alejarse de Dios. Digo solamente que es más difícil para recibir a Dios cuando no tenemos un buen ejemplo de Dios en nuestras familias. Madres son importantes. Pero madres no son la figura de Dios como son los padres. (regresar al comienzo)

Romanos 8:16-17

Pensamos hoy en verdades bíblicas que nos hacen los corazones a cantar. Leo versículos 16 y 17 de La Epístola a los Romanos capítulo ocho. «El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.» Que grande son El Espíritu de Dios, el ser coherederos con Cristo, y tener parte de la gloria de Cristo. Como resultado del sacrificio de Cristo en Calvario tenemos los beneficios del Espíritu de Dios en nuestras vidas, las ventajas de ser coheredera de Cristo, y la esperanza de participar en la gloria de Cristo por toda la eternidad. 

Hablamos primeramente del significado de la obra del Espíritu en nuestras vidas. El que reciba a Cristo como su Salvador, inmediatamente tiene la presencia del Espíritu Santo en su espíritu humano. La confianza de ser nuevo en Cristo viene del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo es el representante divino que comunica con el espíritu humano. El Espíritu fue presente al momento de Creación. (Génesis 1:2) El Espíritu fue el poder en la resurrección de Cristo, (Romanos 8:11) y el Espíritu es el poder dentro nosotros para ayudarnos a obedecer y cumplir con los planes de Dios para nuestras vidas. (Romanos 8:11) El Espíritu nos hace recibir a Cristo, y a distinguir entre el bien y el mal, e ilumina la Palabra Escrita. El Espíritu en nosotros es defensa contra los ataques del enemigo, Satanás. Es seguro, pronto o tarde, el enemigo nos hace dudar nuestro Dios y salvación. El Espíritu en nosotros nos asegura que somos hijos de Dios. Rechazamos las acusaciones del enemigo porque el Espíritu morando en nuestro espíritu nos defiende.

 Es el Espíritu que nos infunde con la confianza que somos herederos de Dios. En este mundo, la mayoría de nosotros no recibirán una herencia de cosas materiales. Pero, más importante que cosas materiales, es la herencia espiritual en Dios. ¿Qué es nuestra herencia en Dios? Cristo es heredero de «todas las naciones y los confines de la tierra». (Salmo 2:8) Somos hijos adoptados de Dios. Entonces la misma herencia de Cristo es herencia nuestra. Heredaremos todas las naciones. El enemigo nos acusa de ser ciudadanos sin merito en este mundo. La realidad es que nosotros somos los herederos del mundo y los inconversos son los que perderán todo. Algún día estaremos los gobernadores del mundo en el reino de Cristo.  

Pero no puedo clausurar el programa sin traer atención a la frase, «Si ahora sufrimos con él». Cristo, el Creador sufrió cuando vino en la semejanza de hombre. Sufrió la muerte de hombre pecaminoso. Pero, no tuvo pecado ninguno. La sangre que derramó, pagó el precio de nuestro pecado. Nuestra dedicación a Cristo tiene que ser firme hasta sufrir con él. No digo que vamos a ser crucificados literalmente. Pero, quedamos firmes en nuestra fe y lealtad a pesar de cualquier intimidación otros nos entreguen. Quedamos listos a sufrir si es necesario, y en el fin compartiremos en la gloria de Cristo. Es lógico que los discípulos sufran junto con su líder, su maestro, su rey de reyes. (regresar al comienzo)

Romanos 8:18-27

Muchas residentes de este planeta tierra preguntan en sus corazones, si no con sus bocas, « ¿Cómo es que humanos sufren si hay un Dios de Amor en el cielo? Verdaderamente, te digo que hay un Dios amoroso en el cielo. Y no es injusto que sufran humanos. Voy a decirte porque hay tantas injusticias y sufrimientos en el mundo. Y voy a decirte porque no es injusto que Dios permita sufrimiento. Comenzamos con La Epístola a los Romanos capítulo 8, versículo 22. «Sabemos que toda la creación todavía gime a una…también nosotros…gemimos interiormente mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo.» 

Dios creó todo en perfección. Pero en el Jardín de Edén, Adán y Eva desobedecieron el mandamiento del Creador. Con esta tragedia vienen todas las tragedias de la vida terrenal. Sufrimiento, enfermedad, cardos, debilidades, crímenes, pecado, vienen de la desobediencia humana en el Jardín de Edén. Somos hijos de Adán con la naturaleza adámica. La razón por todo sufrimiento en el mundo es el pecado de Adán y Eva. Sufrimiento no viene de Dios. La caída de la primera pareja afectó toda la creación, no solamente hombres y mujeres. ¿Recuerdes las palabras que leí? «Toda la creación gime a una.» Toda la creación sufre y ha sufrido por los siglos.

Al instante del primer pecado, Dios prometió redención por toda la creación. Aleluya a Dios por su favor y gracia. Esta redención es aplicada a toda la creación, toda vida, no solamente a humanidad. Algún día habrán el cielo nuevo y la tierra nueva. (Isaías 65:17, 2 Pedro 3:13) Toda la creación se siente que el ambiente actual no es la voluntad perfecta de Dios. Gemimos nosotros con la creación. El planeta tierra gime con terremotos, erupciones de volcanes, tempestades, lluvias dañosas, diluvios locales, diluvios de barro. Humanos sufren dolores, enfermedades, infecciones, iras, pensamientos malos, accidentes causado por fallas mecánicas, muerte. Anhelamos el día de redención total.

Si, digo «redención total». Recibimos «salvación» instantáneamente al rendirnos a Dios. Nuestra destinación cambia de infierno a la patria celestial Al rendirnos a Dios recibimos la presencia del Espíritu Santo. Pero este es solamente el pago inicial de nuestra salvación. Estaremos restaurados a la perfección en el cielo nuevo. Escucha a versículo 23 de La Epístola a los Romanos capítulo ocho. «Nosotros mismos tenemos las primicias del Espíritu.» La vida dichosa que vivimos como Cristianos, es solamente un sorbo de lo que nos aguarda en la presencia del Señor en el Cielo Nuevo. Nuestra esperanza es la redención final. Damos gracias a Dios por su ayuda en nuestras vidas terrenales. Pero, hay mucho más en la vida eterna. ¡Aleluya! 

Te prometí a explicar porque Dios es justo en permitir los miles de años de sufrimiento que experimenta su creación. No es injusto porque Dios no nos deja solitos. Dios no nos deja desesperanzada. El nos ofrece salvación por el sacrificio de su hijo, Jesucristo. Y, cuando Cristo regresó a la diestra de su padre, Él mandó al Espíritu Santo a ser nuestro consolador. Escucha por tercera vez una frase clave en La Epístola a los Romanos capítulo ocho. «En nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos.» Gracias Padre por tu favor y gracia. Tú nos ayuda con todo tu poder divina por medio del Espíritu Santo. Aun en nuestras oraciones, el nos ayuda. «El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.» Dice Pablo, «Considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelerse en nosotros.» (Romanos 8:18)  (regresar al comienzo)

Romanos 8:28-30

Cristianos frecuentemente repitan palabras en versículo 28 de La Epístola a los Romanos capítulo ocho. «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien.»  Es precioso aliento saber que Dios dispone para el bien. Pablo no dice que Dios cambia el mal a lo bien. Él dice que Dios dispone a lo bien. Hay una diferencia. Escucha los minutos siguientes, por favor. Es entendible que Dios dispone cosas malas, acontecimientos malos, para el bien. Buenas cosas no necesitan la mano divina para ser dispuestos al bien. Dios dispone cosas malas para cumplir con los planes de Dios en el fin. Vivimos en un mundo contaminado por pecado. Entonces no es posible evitar sufrimientos pequeños y sufrimientos malos. Problemas y sufrimientos nunca vienen de la mano de Dios. Problemas y sufrimientos vienen de la presencia de pecado. Pero, Él los usa para propósitos buenos. La esperanza es que Dios dispondrá todo para el bien.

 Un lindo ejemplo de disponer el mal para el bien es la vida de José, narrada en el libro de Génesis. Los hermanos carnales de José, por motivo de celos,  lo vendieron a esclavitud en Egipto. Subió al puesto de mayordomo en la casa de Potifar, y fue encarcelado por testimonio falso. Muchos años después, José fue reunido con sus hermanos. Con razón, los hermanos temblaban por pensar que José iba desquitarse con ellos. Pero, el corazón generoso de José replicó, «Fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas.» (Génesis 45:5) La Biblia no dice que el pecado de envidias de los hermanos, y las mentiras de la esposa de Potifar fueron buenos. Fueron pecados. Fueron malos. Pero Dios dispuso algo bueno a pasar en el fin de los acontecimientos malos. Los hermanos de José y la esposa de Potifar mintieron contra José. Pero en Egipto, José preparó un lugar adonde salvar las vidas de Jacobo y familia durante la hambruna en Canaán. Dios usó pecado. Dios no causó pecado.

La razón básica por sufrimiento en el mundo es la presencia de pecado, la naturaleza pecaminosa. Enfermedades, ataques, accidentes, mal pensamientos. Todos resultan de pecado. A veces sufrimos por los hechos de otros. A veces sufrimos por nuestro pecado, decisiones malas, o negligencia. Tenemos que pagar las consecuencias de nuestros hechos. Pero, cuando nos arrepintamos y regresemos a los brazos de Dios, Él dispondrá el sufrimiento en algo bien. El aliento «disponer todo al bien» aplica a los que caminan en las sendas del Señor. Los que vivan en el Espíritu. Oyente, te ruego a vivir en el Espíritu todos los días, y apropiar el aliento de este versículo.   

La promesa «Dios dispone todas las cosas para el bien,» aplica solamente a «Los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.» (v. 28) Dios no tiene ninguna obligación a disponer para el bien a los que no tienen fe en Él, los que no quieren servirle a Él.  Dios quiere que toda criatura le sirva a Él con todo corazón. Pero, los cuales rechazan el llamado de Dios en efecto dicen, «No quiero la intervención de Dios en mi vida.» Entonces, Dios no fuerza sí mismo en ellos. Él los permite guiar sus vidas y servir al enemigo, aunque el resultado sea la muerte. Tenemos que servir a Dios voluntariamente. Te ruego, oyente, a someterte a Dios, y recibir esta promesa junta con los cientos de otras promesas en la Santa Biblia. Someternos a Dios es ser llamado en acuerdo con el propósito de Dios. Recibimos el favor y gracia de Dios y vivimos una nueva vida.

Escucha con los oídos de tu corazón, precioso oyente. Hay otro aliento en este párrafo bíblico.  «Dios predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.» Dios dispone todas las cosas para los que vivan en el Espíritu. Los que vivan en el Espíritu serán resucitados de la muerte como fue Cristo el primogénito. Cristo fue resucitado por el Espíritu. Los que vivan en el Espíritu por someterse a Dios, también  serán resucitados de los muertos en el fin de todas las cosas.  (regresar al comienzo)

Romanos 8:31-33

La Epístola a los Romanos capítulo ocho concluya con enseñaza enfática de la confianza que tenemos en Dios. Nuestro mundo está llenó de  confusión. El padre de la mentira es el príncipe de este mundo. Entonces es gran aliento saber que nuestro Dios es nuestra ayuda y estabilidad. Dice La Epístola a los Romanos capítulo ocho, «Si Dios está de nuestra parte, ¿Quién puede  estar en contra nuestra?. . . somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. . . estoy convencido de que ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.» (Romanos 8:31, 38-39)  ¡Que aliento! Ninguna cosa en el mundo puede separarnos de Cristo.  

Dios  es la única importancia en nuestras vidas. Poder divino es más poderoso que el poder del enemigo. Nuestra atención debe estar en nuestro Dios, no en el enemigo. «Si Dios está de nuestra parte, ¿Quién puede  estar en contra nuestra?» El enemigo (Satanás) quiere  agarrar nuestra atención. Pero, rendir a él es perder tiempo. El enemigo solamente quiere hacernos mal. Más bien, enfocamos en Dios, el todopoderoso, amoroso, creador de nosotros. Alabamos a Dios. Leamos la Palabra Escrita. Oramos a Dios. Con nuestra alma y espíritu fijados en Dios, los ataques del enemigo no nos molestan. Enfocar en Dios es aislarse de las flechas de Satanás. Nuestra mente controla muchos acontecimientos a nosotros. Cómo dice Job, «Lo que más me temía, me sobrevino.» (Job 3:25) Nuestra lección: mejor es meditar en Dios que participar en los entretenimientos del mundo.  Mejor es meditar en Dios y su Palabra que preocuparte con los ataques del Enemigo.    

Es Cristo que habilita nuestra confianza en Dios. «Cristo es el que murió . . . resucitó . . . e intercede por nosotros.» Al centro de nuestra confianza es el sacrificio de Cristo.  En nosotros somos incapaces a vivir justo y recto sin preocuparnos. Pero con el poder de Cristo en nuestros espíritus, todo cambia. «Sin derramamiento de sangre no hay perdón.» (Hebreos 9:22) Cristo pagó el precio de redención. Cristo derramó su sangre. Sangre de ningún otro ser en la tierra pudo ser eficaz. Cristo condenó el príncipe de este mundo. Por medio de Cristo estamos firmes en Dios. Por medio de Cristo enfocamos en la justicia de Dios. Por medio de Cristo somos más de vencedores.  

Sí. Es verdad. Somos más que vencedores porque ninguna cosa puede separarnos del amor de Dios. Dice La Epístola a los Romanos, «Estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación  podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en  Cristo Jesús nuestro Señor.» La lista cubre todo en la vida terrenal. ¿no? Cristo murió en la cruz. Ahora nada, ni ninguna, puede separarnos de la confianza que tenemos en Cristo. Te ruego a entregarte al Señor. Te ruego a someterte totalmente al Señor. Te ruego a enfocar los ojos de tu corazón en Dios y sus sendas.   Somos más de vencedores. (regresar al comienzo)

Galería de Fotos

Mandar un E-Mail a Los Hunter

 Biblia Cronológica

Libritos

 Visión Bíblica del Mundo

Recursos Bíblicos Surtidos en el Web

  Apología Bíblica

Loshunter.net fue actualizada el 19 de octubre 2010